DEL CAMPO A LA COPA: FUTBOLISTAS DE MÉXICO ORILLADAS

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Foto original: Keph Senett

Por Keph Senett

Los últimos gritos y quejidos apenas se apagaban en las faldas del Cristo Redentor cuando los lectores de noticias y bloggers dieron por terminada la fiebre del futbol, hasta los siguientes cuatro años. En 2015 –en sólo un año más— Canadá será el anfitrión de la Copa Mundial Femenina de la FIFA, pero los comentaristas no esperan que este torneo internacional haga mucho ruido. ¿Y por qué habría de hacerlo? Con pocos recursos, mínima publicidad, estructuras inestables persistentes y escasas oportunidades para el enamoramiento de los fans, el futbol femenil profesional es tratado más como un hobby que como una profesión.

En México, los prejuicios de género empiezan antes del juego. En una ciudad donde se valora al futbol por encima de los demás deportes, muchas mujeres son desmotivadas para jugar; a otras explícitamente se les tiene prohibido. Aquellas que buscan hacer una carrera dentro del juego deben trabajar con limitadas oportunidades y pocas promesas de reconocimiento. Después de hacer poco más de media carrera, tienen que encontrar formas para auto financiar su participación e incluso en los más altos niveles del deporte ganan sólo una pequeña fracción comparada con lo que ganan los hombres.

Durante el mes del la Copa Mundial 2014 en Brasil, viajé al sur de México a entrevistar a mujeres futbolistas en la Ciudad de México y los estados de Jalisco, Oaxaca, Chiapas y Veracruz. Hablé con jugadoras que lo hacen de manera recreativa, nivel calle y profesionales, también lo hice con entrenadores, líderes de organizaciones y otras personas de la comunidad del futbol. Descubrí que niñas y mujeres son rutinariamente desmotivadas a participar en el deporte favorito de la nación y aquellas que desafían la cultura, a la familia y las expectativas de las organizaciones, enfrentan barreras personales y profesionales. Dichas consecuencias son estrictamente por la cuestión de género, y nada más.

El futbol como las telenovelas

“El soccer es todo para los mexicanos. Cuando el Tri gana, todo el país lo hace”. Olga Trujillo es reportera de deportes en el Distrito Federal. Su especialidad –mujeres y deporte— se dio accidentalmente cuando fue contratada por Récord, un periódico ‘deportivo’ especializado sobre todo en futbol mexicano. “Estaba como reportera del equipo Atlante y me di cuenta de que entrenaban en el mismo lugar que el equipo femenil”, me dijo un día que comimos en su casa en la Roma Sur. “Cuando pregunté en el periódico quién cubría a las mujeres, los editores dijeron, “a nadie le importa el deporte femenil”. Reconociendo la necesidad de involucrar a mujeres y niñas, Trujillo tomó el puesto.

“El futbol es como las telenovelas. La mayoría de la gente los ve y hace bromas, se comparan con los jugadores como si fueran actores. El futbol también es una excusa para estar con la familia los domingos, para ir a la casa de los amigos a ver los partidos o paralizar el tráfico en el Ángel de la Independencia. Es una religión”.

Durante el tiempo que estuvo en el periódico, (hoy escribe su propio blog Diosas Olímpicas dedicado a la mujer y el deporte), Trujillo vio de primera mano la discriminación que las atletas enfrentan. “Me identifiqué con ellas. Entrenan duro, rompen barreras y también quieren estar en la Copa del Mundo. Pero el mensaje que predomina es que el futbol pertenece a los hombres. Mira los comerciales de televisión, ponen a la mujer sirviendo botanas mientras los hombres ven los partidos”.

Con abundantes lugares verdes y jóvenes besuqueadores, Xalapa tiene ese ambiente familiar de una ciudad universitaria. La Universidad de Veracruz –Xalapa es el estado de la capital—es la más prestigiada de la región, llena de complejos deportivos bien armados. La práctica para el cabildeo local Street Soccer México (organización sin fines de lucro que busca ayudar a gente desfavorecida usando el futbol como una herramienta de cambio social) comienza a relajarse mientras camino al campo rápido. El coach Darío Alvarado Moncayo grita y da órdenes a un puñado de jugadores batallando para terminar sus ejercicios.

La línea delantera efectúa disparos, dos porteros – un hombre y una mujer – se alternan el bloqueo. “¡Más rápido!” presiona Alvarado, y puedo oír sus jadeos y risas agotadas desde mi lugar en las gradas.

Más tarde entrevisto a tres de los jugadores –los hermanos Karina y Abil Quiroz Hernández (18 y 15 años respectivamente) y Brenda Méndez Rivera, de 18, portera, así como al coach Alvarado.

Sin liga profesional

“Aquí no tenemos (una liga profesional) para que las mujeres jueguen como los hombres, ¿así que eso es violencia estructural no?” Alvarado se inclina. “La trato como a alguien inferior cuando no doy lo mejor de mi mientras juego con ella. Si corres más que ella, está bien. Si eres más fuerte y la presionas, es todavía mejor. Es un juego. Yo veo esta violencia implícita cuando la tratas como alguien inferior en el juego.

Para las mujeres del programa, la equidad es sólo garantizada dentro de los límites del equipo de Street Soccer México. “Muchas veces te enfrentas a la idea de “sólo los hombres pueden jugar” dice Karina Quiroz. “Hay algunos comentarios negativos acerca de las mujeres que jugamos”.

“Es una cuestión cultural”, explica Alvarado. Creo que en nuestra sociedad masculina estamos muy tontos y no vemos realmente el poder de la mujer”. Así que yo veo al soccer como

evidencia de este fenómeno cultural. (Si a las mujeres se les deja jugar soccer) nosotros perderíamos nuestra hombría de alguna manera ¿me explico?” Seríamos menos importantes, menos… no sé, menos, menos algo”.

Anjuli Ladrón tiene 28 años; ha jugado futbol desde que tenía cinco. “Quería ser portera. Les dije a mis papás que me metieran a un equipo”. La carrera de Ladrón la ha llevado al más alto nivel del juego entre las de su edad; ha atendido la portería en dos Copas Femeninas Sub 20 (Canadá 2002 y Rusia en 2006). Actualmente está entrenando con la esperanza de competir por su país en la Copa Femenina 2015 en Canadá.

“Solía jugar enfrente de la farmacia de mi mamá en Parque Hidalgo”, dice Ladrón, refiriéndose a su ciudad de origen de Puerto Vallarta, Jalisco. “No había mujeres que jugaran (y los hombres) me decían marimacha, lesbiana. Era duro. Ha cambiado un poco, pero aún persisten los idiotas, tipos estúpidos que creen que si te dicen pendeja, vas a responder”.

El abuso no sólo venía de los hombres en el parque. Al no tener compañeras de equipo, Ladrón jugaba con hombres.

“Me hacían llorar desde que llegaba hasta que me iba. Lloraba porque me hacían bullying y me llamaban dedos de mantequilla. Los entrenadores, también te dicen que eres una pendeja. Dicen ‘¿qué hace una mujer jugando soccer?”.

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Familia prejuicios

Conocí a la ex delantera del equipo del estado Dany Cruz en su ciudad natal de Oaxaca, la capital del estado de Oaxaca, uno de las más pobres del país. Cruz, que ahora vive en la ciudad de México, es una chica segura y elocuente que habla fácilmente acerca de sus experiencias.

“Cuando tenía 13 años, hablé con mi papá porque necesitaba unos tenis para jugar y me dijo ‘Olvídalo, eso no va a suceder’. Pensé, chin, ¿qué voy a hacer? Hablé con mi coach y me dijo, ‘No te preocupes. Yo te los consigo’. Le dije a mi papá, ‘Tienes que venir a verme’ pero me contestó ‘No voy a hacerlo porque no estoy de acuerdo con que tú vayas a jugar soccer’. Terminó yendo y anoté un gol. Dijo ‘Bueno, puedes jugar’. Me tuve que ganar la oportunidad de jugar. Después de eso fue diferente”.

Para Mayra Vazquez, todo se reduce a una palabra: machista. “Tuve muchos problemas con mi papá”, me dice. “Él es muy machista y no le gusta que juegue futbol”. Le pido que vaya más a fondo. “Significa que sólo los hombres pueden jugar futbol. Él solo entiende que los hombres son mejores y que las mujeres deberían estar en la cocina, haciendo tareas domésticas y que ellas no pueden estudiar o hacer cosas como esas”.

La primera vez que conocí a Vazquez fue en el 2012 durante la Homeless World Cup. Inaugurada en el 2004, este evento anual involucra a jugadores sin hogar y privados de sus derechos de decenas de países de todo el mundo en un torneo que se organiza muy similar a la Copa Mundial de la FIFA. Hace dos años, Vázquez vivía en la calle en la Ciudad de México, no era bienvenida en la casa de su padre, pero sus habilidades de futbol llamaron la atención de las personas adecuadas. Fue reclutada para el equipo femenil de Street Soccer México, donde obtuvo la capitanía y llevó a su equipo al campeonato.

Sentada delante de mi en la banca de un parque en la Ciudad de México, puedo ver que su comportamiento confiable no ha cambiado. Desde que nos vimos la última vez, ha continuado con sus estudios en la universidad –también está en el equipo de futbol de la escuela—y regresó a vivir a la casa de sus padres.

La actitud de su papá se ha suavizado (el cambio comenzó cuando acudió en secreto a un partido de campeonato de Copa) aunque todavía aborrece admitirlo. “Ya es más relajado. Lo acepta porque, bueno, ya se dio cuenta de que me ha ayudado mucho en la vida. Para mi, jugar futbol es todo, y creo que lo ha entendido –poco a poco—pero lo ha entendido”.

Para muchas mujeres mexicanas, la presión de los padres significan sólo la mitad de la ecuación. También existe la expectativa de su propia maternidad.

La presión para ser madres

A pesar del hecho de que su equipo perdió como nación anfitriona en la final de la Homeless World Cup en 2010 en Río de Janeiro, Brasil, la nativa de Oaxaca Karina Robledo Espinosa fue nombrada la mejor jugadora del torneo. Su destacada actuación le valió una invitación para volver al programa como entrenadora de niñas rumbo a la Copa en Polonia del 2013, pero Robledo tuvo que declinar. Estaba embarazada.

Comunicándonos a través de un traductor en un pequeño cuarto de concreto debajo de las gradas en el campo universitario de Oaxaca, me entero de que está embarazada otra vez, pero eso no es un impedimento para que organice una liga femenil.

“El futbol femenil estaba muerto (en Oaxaca) pero quise rescatarlo”, explica Robledo. “Es sólo nuestro tercer día y este es el primer torneo”. Me dice también que cerca de 30 mujeres se han inscrito.

Cuando le pido que describa lo que siente cuando está jugando, responde rápidamente, excitada. El traductor dice, “Se quedó sin palabras. No puede describirlo porque es muy emocional. Dice que es lo mejor”.

Dos chicas con uniforme escolar están escuchando la entrevista y, como estoy por terminar con Robledo, una de ellas pide hablar conmigo. Andrea Bretón Evangelista tiene 19 años y es estudiante de la Universidad. Dice que quiere estudiar marketing deportivo para poder abrir un centro de futbol para mujeres. “Eso es lo que me gustaría porque no hay apoyo para el futbol femenil”, dice. “Somos iguales –a los hombres—y ahora las mujeres juegan muy bien. Nos lo merecemos”.

Le pregunto acerca de su familia. “Algunas veces mi familia me apoya, pero también dicen que soy mujer y que sólo los hombres pueden jugar”. Hace una pausa. “Es muy complicado y a mi padre no le gusta que juegue. Pero yo juego de todas formas”.

El negocio del futbol

Ampliamente reconocido como el juego global, el futbol goza de una reputación de inclusión cultural y democracia. Ha sido comparado con la religión y el lenguaje, incluso con la vida misma. Como la mayoría de los deportes, el futbol produce tropos persistentes: la naturaleza de igualación del terreno de juego, el poder del tribalismo y el jugador que se levanta de la oscuridad para convertirse en un campeón. El juego, sin embargo, es único en su alcance global. Los futbolistas de todo el mundo participan independientemente de su nacionalidad, idioma o condición económica. Nosotros – los jugadores y los fans – estamos cómodos con esta narrativa, escindir fácilmente a nuestra propia imagen equitativa.

Pero ¿dónde están las mujeres y las niñas en esta historia? Me gustaría descubrir que esa no es una pregunta fácil de responder.

El Estadio Azteca en la Ciudad de México es uno de los estadios más grandes en el mundo. Ha sido sede de dos finales de la Copa Mundial (1970 y 1986) y es donde Diego Maradona marcó tanto “la mano de Dios” como el “gol del siglo” durante el partido de 1986 en cuartos de final entre Argentina e Inglaterra. La leyenda del fútbol brasileño Pelé jugó en el Azteca y, en 1999, el Papa Juan Pablo II visitó el estadio. Descontento con la posición de la Virgen en la sala de prensa, el Papa ordenó que se trasladara a donde está ahora, detrás de un vidrio en una caja en la parte delantera de dicho lugar. Azteca es el estadio oficial nacional de la Selección Mexicana.

El mes pasado, hice un tour por el estadio, durante el cual tuve la siguiente conversación con la guía:

¿El equipo nacional de mujeres alguna vez han practicado aquí?

Creo que ellas jugaron aquí una vez pero no estoy seguro.

¿Dónde juegan?

No estoy seguro.

¿Hay algo de su historia guardada aquí?

No, hay sólo del equipo de hombres.

¿Dónde puedo encontrar algo acerca de las mujeres?

No estoy seguro.

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Pagar para jugar

La Copa Mundial de la FIFA 2014 fue televisada en más de 200 países, colonias y territorios en todo el mundo; el evento cuatrienal es el torneo deportivo más visto en el planeta. La Copa Mundial Femenina 2015 se transmitirá en Canadá por CTV y los canales de paga de deportes como TSN, y por Fox Sports y Telemundo en Estados Unidos.

El camino de la carrera de futbolista es muy diferente para los jugadores masculinos y las femeninas. Además de las barreras sociales y culturales, las jugadoras (a diferencia de los jugadores masculinos) necesitan pagar para jugar.

La ex delantera de Oaxaca Dany Cruz comenta: “[Las jugadoras y jugadores] no tienen las mismas oportunidades. Nosotras no tenemos una liga. No tenemos espacios donde las niñas puedan jugar. Además, cuesta. Aquí, tenemos que pagar para jugar, mientras que a los hombres se les paga para jugar “.

La carga financiera se suma a una situación ya de por sí difícil para las aspiraciones femeninas, y automáticamente se extiende a favor de las niñas de familias de clase media. Para complicar aún más las cosas está el hecho de que el trabajo debe ser muy flexible para adaptarse a los horarios de entrenamiento. Para la gran mayoría de las jugadoras mujeres, deben elegir entre el fútbol y todo lo demás.

“Es difícil porque no puedo hacer lo que solía hacer cuando era niña. Ahora soy un adulta y tengo que trabajar porque el futbol no va a llevar comida a mi mesa”, dice Anjuli Ladrón. Ella está claramente dividida entre las preocupaciones pragmáticas y el juego que ama. “El futbol me dio una manera de vivir. Disciplina, respeto, amigos, valores y la oportunidad de estar en una buena escuela. Pero si puedo dar un consejo [a una jugadora joven], yo diría que sus sueños de ser parte de la selección nacional son buenos, pero debes estudiar y buscar una beca primero. Para las mujeres, el equipo nacional no es el mismo que para los hombres. No se puede vivir de eso “.

¿Por qué importa?

Según la FIFA, hay 29 millones de mujeres y niñas que juegan futbol en todo el mundo. Tan sólo en Inglaterra hay más de 250.000 (alrededor de 5,6%) de los futbolistas de todos los clubes del país son mujeres, según un informe publicado en el 2012 por la Asociación de Fútbol (FA). La Big Count de la FIFA mostró un aumento del 54% (lo que representa 4,1 millones de jugadores) de mujeres futbolistas registradas en todo el mundo entre 2000 y 2006, cuando se recogieron los últimos resultados. Añadiendo a todas las futbolistas no registradas – aquellas que simplemente encuentran tiempo en sus días para una cascarita, un partido, o algún futbol callejero- y está claro que las mujeres y las niñas también adquieren la fiebre de futbol.

“¿Por qué me gusta? No lo sé. Es muy padre. En el campo, siento una emoción que me gusta mucho. Me gusta ser parte de un equipo, de vivir con él, de reír con él y enojarme con el equipo contrario en el campo. Siento muchas emociones diferentes”-. Andrea Bretón Evangelista, Universidad de Oaxaca, Oaxaca.

“Cuando estoy en la portería que me siento muy nerviosa. Siento que voy a fallar, pero luego mis compañeras me dan confianza y cuando la pelota viene hacia mí, mi sangre se comienza a calentar, la adrenalina corre, y siento que puedo parar la pelota “-. Brenda Mendez Rivera, Calle Fútbol México, Xalapa

“Para mí, el fútbol es más que un deporte. Algunos dirán que es sólo perseguir una pelota, pero ellos no sienten la urgencia cuando juegas, cuando se va a anotar un gol. Ellos no sienten esa sensación que viene cuando anotas”-. Abil Quiroz Hernández, Street Soccer México, Xalapa

“He probado otros deportes, pero me gusta más el fútbol mejor. Es más emocionante, hay que comunicarse mejor. Te hace sentir nutrida como equipo “-. Karina Quiroz Hernández, Street Soccer México, Xalapa

“Yo sólo quiero jugar; jugar y ser feliz y ganar. Me canso, pero no importa. Yo sigo y sigo y nada más me interesa. Jugar es mi pasión. Es lo mejor que me ha pasado en la vida”. – Mayra Vázquez, Street Soccer , Ciudad de México

SIGUE A: @kephsenett

TEXTO ORIGINAL PARA CONTRIBUTORIA:

FROM THE CAMPO TO THE COPA, MEXICO’S FEMALE FOOTBALLERS SIDELINED

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