EL FÚTBOL COMO MEDICINA

Un oficial escolta a la ex futbolista Fátima Leyva (junto con su equipo de trabajo) desde su casa temporal en Tijuana a la cancha donde instruye a casi 50 niños y niñas: Todos ellos entre los 12 y los 14 años que habitan en zonas de riesgo y son proclives a la delincuencia. Hace seis años era seleccionada nacional; hoy es una mensajera de la paz.
El oficial los acompaña de regreso. Así ha sido durante los casi tres meses que duró el proyecto “Glorias del Deporte”, organizado por el gobierno y el cual tuvo como fin fortalecer el tejido social mediante el fútbol apoyado en sus programas de Prevención del Delito de cada región. Fátima Leyva fue la única mujer entre los 21 ex futbolistas que fueron asignados a los mismos estados de la República y que funcionaron como ‘gancho’ para interesar más a los participantes, según Leyva.
“Ha sido una gran experiencia. La verdad quisieras entender lo que viven. Son chicos a los que no les prestan atención, algunos no tienen papás, están solos o viven con otros niños. Fue muy complicado entender algo que yo nunca viví”, cuenta la también ex campeona de liga del F.C. Indiana (EU), quien entendió que las groserías, las reacciones a la defensiva o los insultos de los pupilos eran simplemente su escudo de sobrevivencia: “Sí es una realidad que la violencia contamina, y creo que contamina más cuando viene desde casa, somos el reflejo de lo que ahí sucede”.
Y si la latente inseguridad no logró que Fátima se ‘rajara’ del proyecto, mucho menos las fallas que surgieron de éste: “Era algo nuevo y enseguida se detectaron. Hubo mala coordinación de zonas, pareciera que a las mismas asociaciones civiles que estaban designadas para apoyar no les interesaba, dejaron mucho qué desear. El proyecto es una de las mejores ideas, pero siempre y cuando se aplique como debe ser”, explica Leyva, entusiasmada por el fin, pero no por los medios pues tuvo que iniciar sin material de trabajo y la cancha que le asignaron para trabajar era muy reducida para el total de niños a su cargo.
Aunque los resultados la contentan: “Poco a poco se dieron cuenta de que en la forma del pedir está el dar. Valoraron mucho cuando fueron llegando los tenis y los balones. Había una niña muy seria a la que le pedías un favor y te contestaba con un ‘no’, con los días comenzó a socializar y sonreír. Incluso juntamos a un grupito de niños como de 10 y 11 años que se contagiaron por vernos entrenar y quisieron integrarse, ni modo de decirles que no”.
Fátima aún no sabe si se le dará seguimiento a las “Glorias del deporte”, proyecto del que apenas se enteró la población en general y menos si contratarán nuevamente a ex futbolistas o cambiarán por educadores físicos, lo que sí tiene claro es que la premisa debe ser la misma: Contagiar, no contaminar.

“Sí es una realidad que la violencia contamina, y creo que contamina más cuando viene desde casa, cuando somos el reflejo de lo que ahí sucede”.
Fátima Leyva, ex futbolista.

 

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